Llevamos varias semanas viendo dónde nació Jesús, qué enseñaba y cómo lo hacía. Hemos visto que era un maestro, que interpretaba la Ley, un contador de historias que por su manera tan peculiar de contarlas, llena de imágenes y a veces tan Paradójicas, nos hacen reflexionar y afectan a nuestro comportamiento.
Jesús, fue un RADICAL, y eso atrajo a dos tipos de personas: los que le querían y dejaron TODO por seguirle, y los que le aborrecían y le crucificaron. Y es que la persona de Jesús, ¡no nos deja indiferente! Él mismo dijo: "... conmigo, o contra mi" (Mateo 12:30) y es que en esos tiempos, "mezclarse" con ricos y pobres, mujeres y niños, fariseos, Samaritanas, pecadores... no era lo habitual, pero era la manera de enseñarnos de la manera más práctica, en lo que consiste el Reino de Dios, que era el CENTRO de Su mensaje.
Jesús, siempre nos da la opción de seguirle o no; nos invita a una transformación, en nuestra manera de vivir que nos lleve a una CONVERSIÓN: ¡a no vivir cómo antes de conocerle!
Él inicia la relación y ¡nos salva! pero somos cada uno de nosotros, quienes ponemos el punto y seguido (entregando nuestras vidas a Él), o decidiendo poner un punto y final...
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