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Paciencia...

Encontré una frase que me ha hecho sonreír sobre la paciencia:

"La paciencia es la fuerza que tu mente emplea para decirle a tu cuerpo, que todo llegará..."

Y es que los seres humanos, -nos intentamos convencer a nosotros mismos-, que al final, vamos a conseguir todo lo que queremos... Envolvemos -en paciencia-, es anhelo
por alcanzar nuestros propósitos personales y nos cargamos de esperanza, para resistir. la espera...

Pero por mucho que "engañemos a nuestros cuerpos" utilizando toda la fuerza posible, hay muchas veces que no todo llega... y es que, "el que espera, desespera...", porque no podemos conseguir todo lo que queremos, -ya que hay muchas cosas que nos limitan-, y a aunque nos  carguemos de "paciencia", al final, nos frustramos, o tiramos la toalla, a fin de cuentas, paciencia, viene del latín "Patiens": sufrimiento...

Todo lo anterior, se refiere a lo que entendemos -humanamente- por -tener paciencia-, pero los creyentes, estamos llamados a "otra cosa",  y aunque utilicemos la misma palabra, el significado es radicalmente diferente, porque -la FUERZA para decirle a nuestro cuerpo que: TODO llegará-, no proviene de nosotros, sino de Dios, es decir: nuestra paciencia, es una de las características contenidas en -el Fruto del Espíritu-, y nos la proporciona el mismísimo Espíritu Santo:
"El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos..."Gálatas 5:22-23
Cuando esa "espera", no es un esfuerzo nuestro, sino del Espíritu Santo, ¡la cosa cambia de manera radical!, ya que solo debemos CONFIAR, y permitir que sea Él quién nos llene de paz hasta conseguir nuestros anhelos; que sea Él, quién se encargue de clamar a Dios a nuestro favor, y mientras, nuestra mente descansará sin emplear esa -fuerza- requerida en la cita que compartía al principio del devocional, -para convencer al cuerpo de que todo llegará...-

Miramos al cielo, confiando en que es el Espíritu Santo quién nos da paciencia...




Lo instantáneo...

"... para el Señor, un día es como mil años
 y mil años son como un día."
2ª Pedro 3:8
Siempre ¡tenemos prisa cuando queremos algo!: ¡lo queremos ya! y es que, vivimos en la época de lo "instantáneo". ¡Nos encanta subirnos a un avión y llegar rápido al otro lado del mundo!, marcar un numero en nuestro teléfono y en segundos, escuchar la voz de la persona a quién llamamos, buscar en nuestro GPS una dirección y que nos guíe de inmediato a nuestro destino, entrar en Google y obtener miles de resultados de nuestra búsqueda en un instante, tomarnos un calmante y que el dolor desaparezca en minutos... y claro,  todo esto, ¡no ayuda a ser pacientes...!

Me encanta las definiciones de paciencia del diccionario:

“Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”; “facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho”...
Si no tenemos la facultad de saber esperar para conseguir lo que queremos, y a esto, le sumamos sufrimiento, la cosa se complica...

¿Quién quiere sufrir y que el remedio tarde en llegar? 

No queremos esperar, y desde luego, no queremos sufrir... pero cuanto antes asumamos que tarde o temprano nos va a tocar padecer y que probablemente, no va a ser instantáneo el remedio que calme ese sufrimiento, ¡será mejor para todos!, porque si no, caeremos en la más absoluta desesperación...

La paciencia es un fruto del Espíritu en nosotros, y aunque humanamente podemos hacer algunos "ejercicios" para aumentar nuestra paciencia, no podemos desaprovechar el regalo que nos brinda como creyentes, el tener al Espíritu de Dios en nuestras vidas. 

Notaremos que este fruto del Espíritu está en nosotros cuando seamos capaces de descansar y tener paz a pesar del sufrimiento, entendiendo que el tiempo de Dios, es PERFECTO y cuando nuestras "prisas", desaparezcan... 

Miramos al cielo, esperando...