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33 palabras...


Uno de los objetivos de esta pequeña reflexión diaria, es justamente eso: -que sea pequeña... - pero hoy, es especialmente difícil... porque este versículo tiene ¡TANTO, sobre lo que tenemos que pararnos a analizar y aplicar para nuestra vida!

Así que nos detenemos en muy poca cosa... pero te ruego que le dediques un tiempo generoso a meditar sobre estas 33 palabras cargadas de significado y hacerlas vuestras.

Nuestra parte está al principio del versículo, y la parte de Dios, al final.

Nuestra parte:

-Hay muchas condiciones representadas por la conjunción -"y"-
-No está dirigido a todo el mundo, sino -AL PUEBLO DE DIOS-
-La palabra "humillarse" no nos gusta... implica, bajar la cabeza, reconocer que Dios es superior y que nos equivocamos...
-Orar y buscarle, implica, dedicar tiempo, querer saber más de Dios, "derramarnos" en nuestro interés por conocerle y saber que quiere para nosotros.
-Arrepentirnos... (de esto, ya hemos hablado antes; darnos la vuelta, y cambiar por completo nuestro camino, dirigiéndonos hacía dónde Dios quiere)

La segunda parte del versículo, es la parte de Dios, (la parte buena...)

-Nos escucha
-Nos perdona
-Nos restaura.

De nuevo: ¡OTRA OPORTUNIDAD!

¿A qué hay mucha tela que cortar?

Pues: ¡ADELANTE!

Que tengas un buen día.




¿Cómo nos ama Dios?



Si alguien esperaba "corazones" en esta reflexión sobre los versículos de hoy, siento defraudar...    pero es que, este mandamiento es mucho más profundo que lo que normalmente se entiende por amar.

¿Cómo nos amó Dios? Pues Dios nos amó, creándonos a Su imagen y semejanza, dándonos Su Ley, Su misericordia y Su Gracia y entregando a su único Hijo para salvarnos además de muchas más cosas... y ¿Jesús? Jesús nos amó haciéndose uno de nosotros y sintiendo lo que nosotros sentimos: dolor, soledad, amor por Sus amigos, hambre... y SOBRE TODO: muriendo en una cruz por nosotros, para restablecer la relación con el Padre y darnos vida eterna. Y ¿El Espíritu Santo? Él nos ama cada día, nos guía, nos consuela, clama ante el Padre por nosotros...

Nuestro distintivo como discípulos es imitar ese AMOR y practicarlo con los que nos rodean. 


Más que un corazón, nuestro símbolo, debe ser la CRUZ y nuestra entrega y ayuda al que tenemos al lado.

Ten un buen día.

Einstein y el amor...


Albert Einstein, además de dedicarse a la investigación, era padre...

Este pequeño fragmento de una carta para su hija, merece ser leído...
A Lieserl Einstein.

"Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los perjuicios del mundo.
Te pido aun así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.
Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el AMOR.
Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas.

El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y
 Dios es Amor..."





abril 2016

¿A qué Dios sigues...?

¿A qué Dios sigues...?

Parece una pregunta obvia, pero creo que justo ahí está la clave de nuestra fe... y es que intentamos “hacernos un Dios a nuestra imagen y semejanza”, más que creer en el Dios que se nos presenta en la Biblia y que no oculta Su carácter, o Sus exigencias como Padre, y desde luego, no oculta Su amor ni los beneficios de Su Gracia.

Pero nuestra tendencia es crearnos un Dios “fácil; un -colega-, que nos permite equivocarnos y nos perdona setenta veces siete, ¡o las que hagan falta!; un Dios “sencillo y complaciente”, que entiende nuestros deslices y nos mira con ternura, cuando “hacemos travesuras” y nos negamos a que nos castigue por nuestra “mala cabeza...” ese Dios de “bolsillo”, que siempre está cuando necesitamos que nos eche una mano, nos libre del sufrimiento y de los contratiempos de esta vida.

Pero... ¡ese no es el Dios que se nos presenta en la Biblia!

Si es cierto que nuestro Padre Celestial, es un Dios cercano, perdonador y comprensivo, pero Dios: ¡no es un colega al que llamamos cuando le necesitamos! es ¡MUCHO MÁS!; tal vez, cuando seamos capaces de ver qué:


“Mis ideas no son como las vuestras,

y mi manera de actuar no es como la tuya.

“Así como el cielo está por encima de la tierra,
así también mis ideas y mi manera de actuar
están por encima de las vuestras.”
-DICE EL SEÑOR-
Isaías 55:9

Intentamos traspasar nuestra visión tan miope, a la mirada de Dios, y eso; ¡es un error! Su mente, es ¡otra cosa!. Sus tiempos, no se miden con nuestros relojes, y Él conoce no sólo nuestra situación actual; nos conoció antes de nacer y conoce nuestro futuro, por eso, a un Ser tan excelso no podemos meterle en una caja y “utilizarle” cuando nos haga falta.

Por todo esto, tener la dimensión clara de Dios, es fundamental a la hora de relacionarnos con Él, y que a pesar de Su grandeza, ha querido que tengamos una relación de confianza como la de un padre con su hijo.



Miramos al cielo agradecidos y rogando estar a la altura...




¡Hijos de Dios!

¿Tú crees que Dios nos necesita?

“El extiende el norte sobre el vacío, y cuelga la tierra sobre la nada. Envuelve las aguas en sus nubes, y la nube no se rompe bajo ellas. Oscurece la faz de la luna llena, y extiende sobre ella su nube. Ha trazado un círculo sobre la superficie de las aguas, en el límite de la luz y las tinieblas. Las columnas del cielo tiemblan, y se espantan ante su reprensión. Al mar agitó con su poder... Con su soplo se limpian los cielos...”


                    Job 26:7-13

Yo, sinceramente pienso, que alguien capaz de todo esto, ¡no nos necesita!, pero: ¡cuenta con nosotros!, quiere que colaboremos con él y sobre todo:

             NOS AMA y quiere tener una         
                 RELACIÓN con nosotros.

¿Quién necesita más a quién?: ¿el padre a su hijo, o el hijo al padre...? 

Normalmente, son los hijos los que dependen de sus padres; de pequeños, de su cuidado, su educación y sobre todo de su afecto y protección, y cuando cumplimos años, valoramos más su esfuerzo, su amor, desvelos y generosidad.

Cuando somos padres, entendemos mejor al Señor, y la relación que él, quiere tener con nosotros: desea como buen Padre, protegernos, guiarnos, estar junto a nosotros y hacer equipo; vernos crecer, madurar y que trabajemos con él.

Una de las relaciones más fuertes y duraderas que establecemos en esta vida, es la que construimos con nuestros padres; su amor por nosotros, es verdadero, generoso, incondicional... pues: ¡mucho más, es el Amor que Dios Padre, tiene por todos Sus hijos!

     “Aunque mi padre y mi madre me                  abandonen, tú, Señor,                  te harás cargo de mí.”


                          Salmos 27:10

¡Necesitamos a nuestro Padre Celestial!   y aunque él, no nos necesite, nos ha hecho embajadores suyos, colaboradores de Su Reino, ¡somos hijos del Rey de reyes! 

¿Entendemos la dimensión de ese gran privilegio?

A veces pensamos que -no conocemos a ciertas “personas importantes”-, para conseguir “favores”, y no nos damos cuenta que somos hijos del ¡Todopoderoso!, el ¡Creador de los cielos y la tierra!: 

¿Somos conscientes de algo tan importante? 

A veces, no tenemos, porque no pedimos...


Miremos al cielo: nos espera una lluvia de bendiciones, si nos atrevemos a pedirlas...