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Aprender...

Sabemos que SIEMPRE pagamos las consecuencias de nuestros errores... y es de sabios aprender para no volver a caer, pero parece que somos "recurrentes" y a pesar de hacernos daño, vamos por el camino equivocado una, y hasta mil veces...

La disciplina, o el castigo, no nos gusta... pero a veces, es la única manera de aprender; ¡qué lástima! pero, tristemente así es... y cerrar los ojos, y aguantar el golpe, para volver a caer en lo mismo, al día siguiente... es de torpes.

¡Aprendamos la lección! que el sufrimiento nos sirva para no volver a caer, seamos humildes reconociendo nuestros errores, pidamos perdón

¡adelante!

Distinguir entre lo bueno y malo, tener discernimiento para comportarnos -como Dios manda- es el primer paso para prevenir errores. 


¡Aprovechemos el libro de Proverbios para tener conocimiento! y ¡pongamos en práctica lo aprendido!

¡Qué tengas un buen día!


¿Castigo de Dios, o consecuencia de nuestros actos?

Hoy meditamos en el versículo 11 del capítulo 12 del libro de Hebreos, pero te animo a que leaslos 12 primeros versículos de este capítulo y en la versión "Dios habla alhombre" (versión de la Biblia en lenguaje actual)

Ante algunas dificultades o pruebas que nos encontramos, pensamos que Dios nos está castigando... y a veces ocurre, pero otras simplemente sufrimos las consecuencias de nuestros actos.
La disciplina por parte de Dios a Sus hijos no es algo sin sentido, es parte de Su amor por nosotros, y los que tenemos hijos, podemos entenderlo muy bien; es una lección que no olvidamos y que nos -ayuda- para el resto de nuestra vida, además, que la disciplina del Señor, no solo puede venir por un error cometido, sino también como la manera de moldearnos y formar nuestro carácter haciéndonos más como Cristo.

¿Nos gusta "sufrir"? Pues ¡NO! pero si no fuera por lo impactante que es para nuestra vida, quizás siempre caeríamos en los mismos errores y sufriríamos consecuencias más terribles aún que el castigo, alejándonos de la imagen de Dios que Él quiere que mostremos a este mundo.

¡Ánimo! Dios nos ama como a hijos queridísimos! ¡No lo olvidemos!

Tened un buen día.