Los que llevamos muchos años en la fe, sabemos, -aunque no podamos explicarlo-, que Dios es UNO, pero que está compuesto por "Tres Personas", lo que denominamos:
LA TRINIDAD.
¡Es un misterio"!, y es imposible entenderlo con la razón, así que, intentamos usar "comparaciones" que se quedan MUY CORTAS, y algunas, -hasta creo-, un poco ofensivas... (tipo símil del huevo...)
Sobre el Padre y Jesús, vamos más centrados, pero cuando toca el turno del Espíritu Santo, empezamos a "hacer aguas" al intentar explicarlo, e incluso, cuando nos dirigimos a ÉL con un sincero anhelo de disfrutar este REGALO MARAVILLOSO que tenemos los que hemos creído en Dios.
¿Dónde está? ¡No podemos verlo, ni posicionarlo en nuestra "persona". Ni los escáneres más precisos y sofisticados de última generación lo ubican, ya que como su propio nombre indica: ¡es Espíritu!, ¿entonces?: ¿seguro, seguro que está?
Romanos 8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Mi reflexión es sencilla: nuestro "espíritu", -que tampoco sale en un escaner-, es el que se puede comunicar con el Espíritu Santo, por lo tanto:
¿cómo podemos escuchar o hablar con nuestro espíritu, al Espíritu Santo de Dios?
Si no hay comunicación con el Espíritu Santo (escuchándole y hablando con él): ¿cómo puede ayudarnos?, ¿cómo " afinamos" nuestros sentidos espirituales, para poder disfrutar de Su ayuda, Su guía, y Su consuelo?. ¿Cómo podemos entender que algo en lo que estamos cayendo, es una interferencia para disfrutar de Su poder?, ¿cómo podemos orientarnos o cambiar si no percibimos Su voz?
Creo que lo primero que deberíamos hacer, es -descubrir y empezar a alimentar- nuestro espíritu humano, -dónde quiera que esté...-, y "ponernos en forma" -espiritualmente hablando-, con una alimentación saludable, y dedicándole tiempo ...
¿Cómo alimentamos nuestro espíritu?
En la actualidad, todo lo referente a la espiritualidad está despertando, y ganando adeptos, y muchas de las formas que podemos utilizar son saludables. Cuando nuestro espíritu se fortalezca, nuestros sentidos espirituales, estarán preparados para poder entablar una relación estable, duradera y tremendamente enriquecedora con el Espíritu Santo, pero seamos sinceros:
¿Cuántas veces nos han dado pautas CONCRETAS, para"entrenar nuestro espíritu" en las iglesias?
Es cierto que en ocasiones, nos han animado a llevar a cabo ciertas "disciplinas espirituales", que a base de practicarlas, podemos llegar a "muscular nuestro espíritu", y con la práctica diaria, poder tener una comunicación saludable con el Espíritu Santo. Disciplinas como la oración, la lectura bíblica, o el ayuno, -que pretende, que el cuerpo no sea una interferencia para nuestro espíritu, y ocupe un "segundo lugar", en cuanto a nuestra plena atención-, pero creo que esas disciplinas, deberían pasar por otras previas, más sencillas y "familiares", para nosotros, como el análisis, y observación, de todo lo "espiritual" y cotidiano a lo que nos enfrentamos en el día a día como pueden ser:
-nuestras emociones
-nuestros pensamientos
-y nuestras sensaciones.
Siempre asociamos las sensaciones, los pensamientos y las emociones, a nuestra psique, que al igual que nuestro espíritu, ¡es intangible!, pero esto, tan habitual en nuestro día a día, y que no analizamos, e incluso, -de lo que huimos porque no sabemos darle forma-, o simplemente porque no nos gusta analizar una sensación, como por ejemplo; que -nos están mirando mal-, o no huele bien, o nos molestan los gritos de los niños, el ladrido de un perro, o nuestro estómago hambriento, e incluso, observar lo molesto que nos resulta estar en silencio cuando hay personas a nuestro lado... es una forma de empezar a conocernos psicológica y espiritualmente, para fortalecer nuestro espíritu.
También, deberíamos analizar y sacar una enseñanza, cuando vienen a nuestra mente pensamientos, que nos hacen "sufrir", y de los que ¡huimos lo más rápido que podemos!, porque no queremos enfrentarnos a ellos, o por el contrario: ¡nos encanta meter el dedo en la herida"!, y sufrir y sufrir sin sentido, solo recreándonos en el dolor...
Muchos pensamientos o creencias que tenemos y que damos por hecho suponiendo que son "normales", ¡nos limitan! y caemos una y otra vez en ellas, impidiendo crecer espiritualmente y madurando psicológicamente, siendo incapaces de escapar de ellas: -no puedo, no sirvo, eso no es para mi, soy incapaz, soy débil, no puedo perdonarme...-
¿Cuántas emociones experimentamos cada día? ¿Cuantas veces al día sentimos miedo, alegría, tristeza, ira, asco...? Te animo encarecidamente a que te pares a observar todas estas emociones, y empieces a conocerte mejor, porque afectan directamente a tu espíritu, además de a tu cuerpo. Un ejemplo: cuando sientes miedo, tu corazón late más rápido, puedes quedarte frío, o empezar a sudar, afloran lágrimas de tus ojos, te paralizas... y, ¿piensas que ante el miedo, tu espíritu se queda impasible? El miedo produce una tristeza espiritual enorme, un profundo abatimiento, una gran inseguridad... por eso, te animo, que a partir de ahora, y ante cualquier emoción, ¡dediques tiempo a analizarla!, y a intentar sacarle partido para "muscular" tu espíritu.
Algo muy conectado con el espíritu y hablando de "intangibles... es LA CONCIENCIA, pero: ¿dónde está LA CONCIENCIA?
Romanos 9:1 “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo”
La conciencia, -pertenece también al ámbito de lo espiritual-, y está íntimamente relacionada con el Espíritu Santo, entonces:
Las personas que no tienen al Espíritu Santo, ¿tienen conciencia? evidentemente ¡si! y yo, quiero pensar, -aunque es una interpretación mía, y muy libre-, que es una "marca" de la imagen de Dios en Sus criaturas- y depende de nosotros, el tenerla en cuenta y a nuestro favor, o cauterizarla...
Analizar lo que nos dice nuestra conciencia es otro "ejercicio", para muscular nuestro espíritu, y es el "lugar de encuentro perfecto" con el Espíritu Santo. A través de nuestra conciencia podemos conectar con el Espíritu de Dios, y Él, nos guía, disciplina, consuela, fortalece, santifica, intercede por nosotros... etc por tanto, es una buena idea que nuestra "conciencia" sea esa "sala de estar" confortable, bonita, acogedora, dónde nos encontremos en cada instante cara a cara con el Espíritu de Dios.
Seguro que todos hemos conocido personas super sencillas, que no tienen estudios ni teológicos, ni psicológicos (no saben analizar emociones, ni sensaciones... ni reparan en la trascendencia de los pensamientos....), pero aún así, tienen una sensibilidad y una relación con Dios, genuina y profunda. Muchas veces tener tanto conocimiento, puede llegar a ser una barrera o una interferencia para encontrarnos de manera inocente y directa con nuestro espíritu y con el Espíritu Santo, y poder entablar una cordial y cercana relación con Él.
Este "sexto sentido espiritual", o esta "intuición" para mi, es otra seña de identidad de nuestro Creador en cada uno de nosotros, por eso cuando de repente, sentimos "esa paz" -que sobrepasa todo entendimiento-, o esa compasión sobrenatural ante un desconocido que sufre, entiendo, que es una manifestación gloriosa del Espíritu Santo obrando en nosotros.
Maneras muy saludables de muscular nuestro espíritu, es realizar tareas "espirituales": deleitarnos en melodías, poesía, observar en silencio la creación, dejarnos seducir por una obra de arte, contemplar sin prisa una puesta de sol, escuchar la lluvia, apreciar el aroma de la tierra mojada, saborear un dulce...
Una vez que tenemos "musculado" nuestro espíritu, estaremos preparados para mantener una relación saludable con el Espíritu Santo; con nuestros oídos sintonizados en la frecuencia espiritual correcta, que nos permite hablar con ÉL y sobre todo, ¡escucharle!, optimizando todos los recursos que pone a nuestra disposición, y obteniendo gracias a Su intervención en nuestras vidas, ese "FRUTO", que habla por nosotros y nos permite ser SAL Y LUZ, que es imposible obtener en nuestras fuerzas:
"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley."
Gálatas 5:22-23

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