Relatos Concurso En Su Piel. Gemma López-Huerta Cisnal

Hace ya una década, se me ocurrió la iniciativa de hacer un concurso para animar quién le pareciera interesante, meterse en la piel de algún personaje que viviera la PRIMERA Semana Santa de la historia.

Podía ser algún personaje Bíblico, o inventado, pero ¿cómo sería estar en "su piel", y vivir en primera fila la pasión y muerte de Jesús?

Después de tantos años, me animo a recordar, y os dejo algunos de mis textos, además de invitaros a meteros en la piel de alguno de los ¿afortunados? que pudieron ver de cerca la muerte de Jesús.

Si te animas, puedes mandar tu relato a: devocionalesmirandoalcielo@gmail.com, y lo PUBLICO EN EL BLOG.

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#EnSuPiel2.016
#1ªEdición
#PrimeraSemanaSanta

Gema López-Huerta Cisnal.
María, madre de Jesús

Silencio.





No podía encajar palabra…
– Ver torturar morir a tu niño… ¡qué te lo maten como a un delincuente! … eso, ¡es lo peor por lo que puede pasar una madre!.
Una y mil veces en esa aciaga tarde, le rogó a Dios ¡que fuera ella la que estuviera en Su lugar! pero:
– Su niño, ¡no! ¡su niño, noooo!
Su hermana, sus hijos,  Maria Magdalena y Juan, (el discípulo amado) , no dejaban de abrazarla pero no entendían su silencio y la ausencia de lágrimas… 
-¿No llora Su madre? ¿Por qué no llora? ¿Por qué no se desmaya? ¿Por qué no habla y se desahoga? 
Pero María, a diferencia del resto de los que -le seguían-, sabía, que no había acabado esto… que “su niño”, había profetizado que moriría, pero que… ¡iba a volver! , y ella ¡lo creía!
Su conexión madre e hijo, a pesar de la divinidad que les separaba, seguía latente. Jesús, ¡nunca la defraudó! era muy diferente al resto de sus hijos; un niño muy independiente y –a otra cosa- que el resto- pero… esas miradas sin decir nada, marcaban la diferencia con el resto y a ella le transmitían paz, esperanza y… eternidad.
María consiguió escabullirse y fue a dar un paseo. ¡Qué noche tan oscura! a pesar de que la luna luciera enorme en el cielo y miles de estrellas iluminaran su camino.
La relación con Jesús, siempre había causado envidia al resto de sus hijos, naturalmente, ella, ¡los quería a todos! pero reconocía que él era especial… no solo por su manera de -ser concebido-, es que Jesús, no tenía que utilizar palabras para entenderse con ella; era como si el cordón umbilical nunca se hubiera cortado y estuviera conectado directamente a su mente y a su corazón; Él la alimentaba con Su presencia…
…“su espíritu se regocijaba en Dios, su Salvador…”
Era el momento de sacar todo eso que guardaba en su corazón.
Recordó el encuentro, con el ángel siendo apenas una adolescente; le anunció que Jesús vendría, y sería el Mesías y ella ¡le creyó!, cada día confirmaba esa verdad, sus ojos veían crecer a Jesús tanto físicamente como en Su relación con Dios Padre: una relación de fidelidad, y obediencia que inexorablemente, le iba a llevar a los acontecimientos de esa tarde de sufrimiento, todo, para cumplir con lo que estaba escrito:
… “él fue herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”
Recordó cuándo se perdió en el templo de pequeño, cuándo convirtió el agua en vino en las bodas de Caná…
Su niño había crecido y ¡bien sabe Dios! que ella se debatía cada día en su deseo genuino de agradar a Dios y que se cumplieran Sus planes, y a la vez, en su corazón ardía el deseo de que Jesús fuera un hombre –“normal”-, el heredero como primogénito de la carpintería, y que llegara a formar una familia como el resto de sus hijos.
Sus emociones y pensamientos eran una vaivén; subían y caían en picado por momentos; su esperanza, y su desesperación…
Pero no, ¡no! ¡no iba a llorar,! aunque ¡SU HUMANIDAD SE RETORCIERA DE DOLOR,! porque su fe era firme; ¡no tenía ninguna duda!:
¡Jesús volvería! ¡volvería!: ¡La profecía se cumpliría!
“…un hijo nos ha sido dado y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”
María, se recompuso, volvió dónde estaban los discípulos de su hijo y les preparó algo para cenar…

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#EnSuPiel2017
#2ªEdición
#PrimeraSemanaSanta

Gema López-Huerta Cisnal 
En la piel, bueno… quizás sería más correcto decir en "el -pelo-" de “Luther”
Una lástima…
Si en vez de hace 21siglos, Jesús, hubiese venido a este mundo en la actualidad, seguro, seguro qué:
¡YO, aparecería en la Biblia!, pero ¡claro!, en -“esos tiempos”-, a mi; ¡no se me tenía en cuenta! y:
¡ES INJUSTO!
porque yo fui el que más conoció a Cristo, el que más horas compartió con él, quien dormía cada noche a su lado (los tres años que anduvimos de un lado para otro), y de los pocos, (yo diría el único) que no dudó ni un momento que volvería , después de marchase durante esos largos días, dónde todo el mundo dudaba, lloraba y tenía caras largas…
Ya mi madre, y el padre de mi madre, fueron de la familia de los “carpinteros de Nazaret”, y cuando yo nací, Jesús, acompañó en el parto a mi madre; desde entonces: ¡nunca me separé de él!, hasta ese fatídico día que le trataron -tan mal-, tan injustamente y le clavaron en una cruz… ¡No me quiero ni acordar! y lo que sigo sin entender es por qué los que se hacían llamar “amigos”, le dejaron tan solo…
¡Me sentía impotente viendo, lo que le estaban haciendo!; me quedé afónico porque mi lamento, era lo único que podía hacer y me llevé más de una patada y alguna pedrada, porque no me separé de él en todo el calvario y porque permanecí al pie de la cruz, hasta que se lo llevó José de Arimatea a esa tumba.
Durante los días que Jesús estuvo en esa cueva enterrado, permanecí a Su lado. Entré por una pequeña abertura que había en la pared: no soy muy grande y me cabía la cabeza; -“y si cabe la cabeza, cabe el cuerpo”- y yo quería dormir con el Maestro como hacía siempre.
Él nunca había estado tanto tiempo quieto, pero pensé que tal vez estaba muy cansado después de cargar con la cruz tanto rato y de todo el daño que le hicieron, y yo respeté Su descanso y esperé paciente; si él no iba a comer, ¡pues yo tampoco lo haría! y él: ¡aguanta muchísimo! (una vez estuvo 40 días y 40 noches sin comer, aunque me dijo, que eso no iba conmigo, y me proporcionaba agua y comida una vez al día)
¡Nunca me separé de él! ni esos días en el desierto, ni la noche de Getsemaní, que permanecí a su lado y vi como sudaba sangre… (sabiendo, que le esperaba lo de la cruz…) pero claro:
¡yo se muchas cosas!
pero como no salgo en la Biblia…
Yo fui el primero que le vi levantarse, (aunque la Palabra de Dios dice que fueron las mujeres…) ¡Se alegró mucho de verme! me acarició la cabeza y me miró, como solo Él sabe mirar…y me dijo:
-¡Compañero!; debes tener hambre, ¡vamos!-
...y salimos los dos tan contentos de esa cueva.
Después pasaron muchas cosas… pero eso, si lo pone la Biblia, no hace falta que yo os lo cuente.
Antes de despedirme, me voy a presentar; me llamo Luther soy el perro de Jesús; soy un “Pastor Alemán”, y aunque ganas, no me faltaron de morder a más de uno mientras le hicieron lo que le hicieron a mi dueño, él me enseño, que no hay que “morder”, y no lo hice…
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#EnSuPiel2018
#3ªEdición
#PrimeraSemanaSanta

Gema López-Huerta Cisnal.
                                                 Claudia Prócula: (esposa de Poncio Pilato)
Me llamo Prócula Claudia Pilato, y soy seguidora de Cristo, muy “fan” como diríais ahora.
Parece paradójico que justo, haya sido mi “querido esposo” el que “-permitiera-” la muerte de Jesús, pero quiero contar lo que verdaderamente ocurrió esa trágica noche del viernes de Pascua.
Jesús y yo éramos paisanos y vecinos. Nacimos en Galilea y desde pequeños, jugábamos juntos. Siempre fue ¿diferente?, bueno, para la época, -no era muy ”normal”- que se juntara con las niñas y respetara nuestra condición femenina, no haciendo distinción entre nuestro derecho, y el de los chicos a la hora de -echar pies- y formar equipos cuándo jugábamos a la “pelota de trapo prisionera” o a correr en “relevos descalzos”.
Tenía un gran sentido del humor, y también, era muy servicial, sobre todo con las madres, a las que acompañaba a sus casas cargando con el cántaro lleno de agua desde la fuente, o les llevaba los sacos con las compras del mercado.
Cuando éramos jovencitos, tengo que reconocer, que Jesús era de los más guapetes, pero ninguna chica consiguió entablar más que una buena amistad con él, siempre nos decía:
-Tengo planes-
y:
 … ¡ya lo creo que los tenía!
A pesar de mi boda con un Prefecto romano, que fue enviado a Judea por el Cesar Tiberio, nunca dejé de tener contacto con Jesús y sus hermanos; incluso coincidimos en alguna ocasión durante los tres años que iba de pueblo en pueblo predicando, sanando y -ganándose enemigos- entre los fariseos, saduceos, y las autoridades religiosas que no tenían manera de “pillarle” cuando le preguntaban sobre aspectos de las leyes religiosas.
La última vez que coincidí con Jesús y su familia, fue en Caná, en una boda, -y ya le advertí-, que tanto el rey Herodes, y sobre todo Caifás, (Sumo Sacerdote y presidente del Sanedrín), no le quitaban el ojo de encima y que estaban locos por ordenar su muerte, ya que pensaban que les “revolucionaba al pueblo” y que eso de ir “resucitando muertos”, no les gustaba ni un pelo, (especialmente a Caifás, como buen saduceo que era…) pero una vez más me sorprendió su respuesta cuando le advertí qué corría peligro:
-Todo está escrito ya Claudia, el hombre propone pero es Dios, mi Padre, el que dispone, y yo he venido, justamente a eso, a cumplir Su plan…-
Bueno, -al grano-, el caso es que era domingo, el comienzo de la Pascua, y cuando me enteré que Jesús había entrado por la puerta sur de la cuidad montado en un burrito pensé: -¡típico de él!-, siempre destacando por su ¿creatividad?, por su ¿humildad?; el caso es, que siempre contrastaba con su manera de actuar como líder; – muy diferente-, a lo que estábamos acostumbrados a ver en los dirigentes de la época , el caso, es que mandé a uno de mis criados para enterarme donde iba a parar Jesús, y acercarme a que nos tomásemos algo, recordando -viejos tiempos-, pero finalmente, no pudimos quedar, ya que la cosa, no pintaba nada bien y el ambiente estaba muy revolucionado …
Poncio Pilato, mi marido, estaba muy irritado porque parece ser que el pueblo (animado ¡como no! por Caifás) quería aprovechar esos días para juzgar a Jesús por blasfemo e incluso pensaban matarle… y el cobardica de Poncio, siempre intentando escurrir el bulto, quedó con el rey Herodes para que se encargara él del asunto, ya que su responsabilidad como gobernador de Judea, le “libraba” de condenar a un galileo, pero resulta que Herodes pasó del tema, y le dijo a Poncio, que Jesús estaba en Jerusalén en ese momento, y que resolviera él y no le estropeara las vacaciones de Pascua, que tenía varias cenas organizadas en Palacio.
El caso es que me acosté preocupada por el complot que se estaba preparando contra mi amigo Jesús, y tuve un sueño terrible…
Al día siguiente mandé un mensaje a Poncio para que se buscara la vida, pero que se mantuviera al margen de lo que se estaba urdiendo desde las altas esferas religiosas y la influencia que ejercían en el Pueblo, además a mi marido, en el fondo, Jesús le caía bien y no tenía nada en su contra ya que yo le contaba muchas cosas de él y cada vez le interesaba más su forma de actuar.
Ya sabéis lo que sucedió ese viernes; al final, se salieron con la suya y os aseguro que mi marido, no lo pasó nada bien… aunque estaba acostumbrado a tomar decisiones, -muchas veces injustas-, ese “lavarse las manos” le supo mal…
El domingo me desperté temprano, apenas pude dormir pensando en María, la madre de Jesús y salí a buscarla; no dudé que estaría en la tumba de su hijo completamente hecha polvo y no me equivoqué, porque allí estaba, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando en vez de llorando, me la encontré con una sonrisa de oreja a oreja  y un brillo intenso en los ojos, cuando me dijo:
-Claudia, mi niño: ¡ha resucitado!


"Le Rêve de la femme de Pilate" ("El Sueño de la esposa de Pilato"). Grabado de Alphonse François (1814-1888) 


En 2019, el concurso en Su piel, pasó a una iniciativa nueva que titulé: #MirandoATravésDeSusOjos, quiero compartir con vosotros el relato que escribí:

Gema López-Huerta Cisnal
#MirandoATravésDeSusOjos2019
Mirando a través de Jesucristo.


¡Nunca se había cumplido mi deseo al soplar las velas de mi tarta de cumpleaños...!



Llevaba ¡décadas! pidiendo que se acabasen -las injusticias y el hambre en el mundo-  así que decidí que iba a pedir algo -más sencillo- y que sería más probable que se cumpliera...

Este año, mi cumpleaños coincidía con el -Jueves Santo-, por lo que al soplar las velas, desee que al abrir los ojos, pudiera ser testigo de la "Última Cena" que Jesús llevó a cabo con Sus discípulos antes de Su muerte en la cruz...

¡Ni siquiera tele-transportándome en el espacio y en el tiempo soy capaz de ser puntual!, y es que, con la diferencia horaria entre España e Israel, ¡llegue sesenta minutos  tarde...! justo, cuando estaban saliendo del Aposento Alto, y ya habían dado buena cuenta del cordero pascual, las hierbas amargas, el pan ácimo, y las copas de vino...

Me sentía rara... mirar a través de los ojos de Jesús, ¡era una experiencia única!, porque se ve y se oye alto y claro, tanto lo bueno como lo malo de los que te rodean, y a pesar de tener la capacidad de escuchar a la vez sus voces y sus pensamientos (-la mayoría de las veces, contradictorios-), Jesús, ¡no sentía ni un ápice de reproche!, solo amor, compasión y misericordia por estos pobres hombres perdidos y que temían, se cumplieran las Palabras del Maestro, anunciando Su partida... 

Tener la experiencia de asistir a una conversación entre Jesús y Su Padre en el Monte de los Olivos; ¡es una experiencia difícil de olvidar...! El diálogo era fluido, y Jesús mostraba sin vacilar Sus sentimientos delante del Padre; ¡no se excusaba por sentir miedo!, y aunque sabía perfectamente a lo que había venido al mundo, -a la hora de la verdad-, ¡quería volver al cielo!, e intentaba convencer al mismísimo Dios, que -"dieran otra vuelta"-, a esa manera de morir que habían planeado... Tal vez, podría salvar a la humanidad, pero sin tanta humillación ni tanto dolor físico... pero finalmente, el Padre, con unas palabras repletas de amor y consuelo, y con un abrazo poderoso, animó y prometió a Su hijo, estar con Él cada minuto -en lo que tenía por delante-, y proyectó en -3D- las imágenes de Su resurrección y Su gloriosa subida al cielo, transmitiéndole que Su misión en el mundo cambiaría la historia y daría sentido a  la vida millones de personas, proporcionándoles la salvación y la eternidad.

Experimentar ¡tanto miedo y amor a la vez por lo que le esperaba a Jesús, es algo imposible de contar!; solo a través de los ojos del Salvador, ¡puede entenderse tal sacrificio!

Sudar sangre, -no se lo recomiendo a nadie...- y es que el estrés que produce saber lo que le esperaba en el Calvario, no puede producir otra respuesta. Tengo que confesar, que viendo esa experiencia, me arrepentí de haber pedido este "peculiar deseo", cuando soplé las velas de mi tarta de cumpleaños...

Cuando comenzaron las torturas ante Pilato, no resistí tanta tensión y caí desvanecida, -sin duda-, fue mi "mecanismo de defensa" ante tanta injusticia, odio y dolor, y la impotencia por ver tanta crueldad por parte del ser humano...

Me desperté con palpitaciones y empapada en llanto. Eran las tres de la mañana y hoy, era mi cumpleaños... Decidí que al soplar las velas, iba a pedir que toda la humanidad en algún momento de su vida, tuviera la oportunidad de ver a través de la mirada de Jesús y, sintiera Su amor aceptando Su sacrificio por él o por ella, cuándo murió en la cruz...



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